Pretendo ser clara e ir de frente al grano con el indulto al ex presidente Alberto Fujimori. Este, ya, tan famoso tema me lleva a pensar en dos cosas por las cuales se desea tanto que proceda.
Primer motivo: Fines totalmente políticos, que no sería una fría idea, ya que el susodicho y absolutamente todos los que lo rodean tienen una mente bastante macabra como para poner de escudo la “mortal” enfermedad del ex presidente. Y esta idea no sería tan descabellada porque la están jugando más que bien, poniendo presión dónde deben y tratando de mover fichas exactas para que todo salga como lo quieren.
Decir que está enfermo y que tiene depresión por estar encerrado, realmente no me conmueve, en lo absoluto, sobre todo para alguien que está condenado por violación de los derechos humanos, sobre todo para alguien que maltrató psicológica y físicamente a la madre de sus hijos. Siento que no tenemos por qué tener pena con alguien que simplemente se puede calificar (y con toda confianza) como una persona sin escrúpulos.
El segundo motivo me parece más ridículo aún. Su muerte dentro de una cárcel y la depresión que le causa estar solo (?) Por favor, es lo menos que merece después de matar a tanta gente sin ni si quiera pensarlo, sin tratar de frenarlo, sin pretender enterarse (en el último de los caso)
Yo no le deseo la muerte a nadie, no deseo que su familia sufra con la enfermedad. Pero lo que nos hizo a los
peruanos durante su gobierno eso, merece ser castigado, merece ser pagado de alguna manera y por más ex presidente que fuera (aunque pueda sonar un poco intolerante y hasta ignorante) no se puede –sí, puede- tener compasión con un violador de lo que ahora se pide para él; Derechos Humanos.
Los fujimoristas hablan de “humanidad” y no sé si reírme o llorar, si lanzar un huevo a mi televisor o mandarles todos los reportajes que existen de cuando su “presidente” se olvidó de esa palabra con gente que lo eligió y puso su confianza en él. Negándole a mujeres poder tener el privilegio de ser madre y matando a muchachos “suponiendo” que eran terroristas.
No al indulto, no a la frágil memoria y nunca más al fujimorismo, que siempre nos terminaban “metiendo la yuca” cuantas veces se les antojaba. Esta vez, no. Y todo esto pasa porque estamos en un país desmemoriado, en un país que olvida rápido y siente pena por quién no debe. Y al final "terminamos estando todos locos, Lúcas"

