lunes, 20 de junio de 2011

¿Indulto? Estamos locos, Lúcas.


Pretendo ser clara e ir de frente al grano con el indulto al ex presidente Alberto Fujimori.  Este, ya, tan famoso tema me lleva a pensar en dos cosas por las cuales se desea tanto que proceda.

Primer motivo: Fines totalmente políticos, que no sería una fría idea, ya que el susodicho y absolutamente todos los que lo rodean tienen una mente bastante macabra como para poner de escudo la “mortal” enfermedad del ex presidente. Y esta idea no sería tan descabellada porque la están jugando más que bien, poniendo presión dónde deben y  tratando de mover fichas exactas para que todo salga como lo quieren.

Decir que está enfermo y que tiene depresión por estar encerrado, realmente no me conmueve, en lo absoluto, sobre todo para alguien que está condenado por violación de los derechos humanos, sobre todo para alguien que maltrató psicológica y físicamente a la madre de sus hijos. Siento que no tenemos por qué tener pena con alguien que simplemente se puede calificar (y con toda confianza) como una persona sin escrúpulos.

El segundo motivo me parece más ridículo aún. Su muerte dentro de una cárcel y la depresión que le causa estar solo (?) Por favor, es lo menos que merece después de matar a tanta gente sin ni si quiera pensarlo, sin tratar de frenarlo, sin pretender enterarse (en el último de los caso)

Yo no le deseo la muerte a nadie, no deseo que su familia sufra con la enfermedad. Pero lo que nos hizo a los
 peruanos durante su gobierno eso, merece ser castigado, merece ser pagado de alguna manera y por más ex presidente que fuera (aunque pueda sonar un poco intolerante y hasta ignorante) no se puede –sí, puede- tener compasión con un violador de lo que ahora se pide para él; Derechos Humanos.

Los fujimoristas hablan de “humanidad”  y no sé si reírme o llorar, si lanzar un huevo a mi televisor o mandarles todos los reportajes que existen de cuando su “presidente” se olvidó de esa palabra con gente que lo eligió y puso su confianza en él.  Negándole a mujeres poder tener el privilegio de ser madre y matando a muchachos “suponiendo” que eran terroristas.

No al indulto, no a la frágil memoria y nunca más al fujimorismo, que siempre nos terminaban “metiendo la yuca” cuantas veces se les antojaba. Esta vez, no. Y todo esto pasa porque estamos en un país desmemoriado, en un país que olvida rápido y siente pena por quién no debe.  Y al final "terminamos estando todos locos, Lúcas" 

viernes, 17 de junio de 2011

El voto viciado no es un desperdicio. ( I parte)

Igual que en primera vuelta electoral vicie mi voto por que ninguno de los candidatos dijo lo suficiente para convencerme, sus promesas me parecen falsas, hasta ahora, por que según analistas peruanos y extranjeros, el Perú se encuentra en peligro con ambos candidatos.

No vote por Keiko Fujimori porque esta rodeada de una bancada política que no le favorece, porque el pasado que se formó sin querer con su padre no la deja de perseguir, a pesar de que ella exactamente no gobernó el país.

 Porque lamentablemente no se llega a desligar por completo de la línea política de su padre, esa que la marcará hasta presente una real distancia con lo que fue el ultimo gobierno de su padre y toda la corrupción que dejo atrás.

Keiko además, utilizó la imagen de su padre a conveniencia para asegurar votos, dentro de su propaganda política incluía a su padre como referencia para aquellos que si creen aún en el fujimorismo y que éste resurja, pero erróneamente, piensan en el fujimorismo de “fujishock” y de violación de derechos humanos.

Ollanta Humala es de algún modo el némesis de la derecha. Su línea izquierdista muy similar a la de Chávez, Evo y Fidel no me parece saludable para el Perú. Es cierto, no hemos tenido hasta este próximo 28 de julio un presidente de izquierda que trabaje por los olvidados, los apartados, los discriminados y hasta resentidos pobladores de los andes, que en su mayoría ya están hartos de promesas; sin embargo sus relaciones más que demostradas con Chávez, la similitud de sus discursos y ¡que decir! del financiamiento de las campañas electorales del presidente electo, era más que motivo para no atreverme a votar por él.

El pasado tormentoso de “el comandante Humala” con las investigaciones de que él sea el “capitán Carlos”, que tenga algún tipo de relación con el narcotráfico o tan igual como en el gobierno de Fujimori padre, violación de derechos humanos.

La desconfianza que generó en mi que Ollanta Humala no tenga un plan de gobierno establecido y definido, que sea tan cambiante en sus decisiones en cuanto al gobierno de un país en crecimiento, el planteamiento de un cambio de plan económico, de precios un tanto utópicos para algunos productos (como el gas por ejemplo, de s/. 30 a s/. 12) entre otros cambios en las cuatro modificaciones y rectificaciones que sostuvo durante la campaña política.

No pienso y no pensé si quiera en la idea de votar por oposición o porque no tenia alternativa o porque no quería el triunfo de un posible “chavismo” o del fujimorismo o simplemente por que no me decidí.

Porque me parece mediocre pensar en votar por el mal menor, porque eso no es lo que necesita el Perú, porque eso no es lo que quiero para mi país, porque mi Perú así como el Perú de todos necesita algo más que simples promesas y compromisos que ya hemos vivido con anterioridad en otros gobiernos, porque puede haber buenas y nobles intenciones pero el poder, creo yo, que llega a corromper.

Porque me aterra la idea retroceder y pasar de ser un país en desarrollo a un país olvidado y explotado. Ya hubiese sido con cualquiera de los dos ex candidatos. Un país que ya hemos conocido, un país que nuestros padres y abuelos ya vivieron y que nos hicieron prometer que nunca más se volverían a repetir.

Finalmente porque parte de una democracia es que hayan votos indistintos a los candidatos elegidos, porque me parece justo demostrar que no estoy de acuerdo con la decisión que se dio en primera vuelta, porque ambos candidatos tienen antecedentes de atentados directos o indirectos contra el Perú.

 Porque no me dejo engañar por publicistas, matemáticos y relacionistas públicos, que visten y modifican discursos de sus candidatos y ya, de un momento a otro el candidato ya no es lo que era, es una nueva persona “linda” para el pueblo. Pero, “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”